lunes, 28 de marzo de 2011

Tranquilidad Dragones: La revancha es en nuestra casa ¡Los esperamos!



La salida de integrantes del plantel, los cuestionamientos hacia la dirigencia y las lesiones hicieron que Talleres fuera de punto al encuentro con el entonado Kimberley. Pero con sacrificio, mucha inteligencia en el planteo y disciplina para llevarlo a cabo, el equipo de “Puchi” Mendoza venció al “Dragón” con justicia en el juego de ida por los 16vos de final del torneo Argentino C. La vuelta será en Kimberley, que está obligado a ganar.
Oscar Mendoza planteó un juego con criterios utilitarios. Con un sistema 3-4-3, que por momentos se transformó en un 5-3-2, dejó la zona media liberada; aisló a los gestores de juego de Kimberley: Santiago Giuntini y Damián Zamorano, puso dos stopper sobre Vuoso y Parra, dejó a Pringles libre en la zona media y tres delanteros a espaldas de Murno. Y le salió redondo. Por nombres y calidad, en la zona media no iba a poder contrarrestar el talento del “Dragón”, entonces propuso un ida y vuelta en ese sector y no dejó espacios en la zona de creación, por lo que Kimberley se encontró con una suerte de embudo y chocó siempre con la férrea defensa del ayer local. Y a todo ello, se le sumó a Talleres la contundencia que pocas veces había tenido.
Apenas comenzado el juego, el elenco orientado por Damián García inclinó la cancha y hacía suponer una postura mezquina de Talleres, que apostaría al pelotazo al no tener enlaces entre los volantes y delanteros.
De a poco, el equipo del Puerto fue cerrando los caminos y con rigurosidad en la marca maniató rápidamente el juego de Kimberley que tenía a los delanteros aislados, de espaldas al arco y sin posibilidades de descarga. Y en contraposición, si bien consiguió aire con pelotazos, fue creando acciones ofensivas con el ataque en bloque y el nexo, casi inesperadamente fue Julián Pringles. Además, el ex Cadetes fue dueño de todas las pelotas paradas que generaron momentos de zozobra en la defensa de Kimberley. Por esa vía casi abre el marcador con un centro que peinó De Hoyos en el anticipo y Balbuena lo perdió increíblemente solo, dentro del área chica.
Hubo paridad hasta los primeros 25 minutos, cuando a partir de la movilidad de Zamorano y la libertad de Murno, el “Dragón” se adueñó de la pelota, pero no supo lastimar en los metros finales. Directamente nunca estuvo cómodo y comenzó a desesperarse, de tal manera que Alvarez probó sin suerte desde afuera del área y aparecieron imprecisiones poco habituales en los hombres de García, quienes contaron con su mejor y casi única opción tras una combinación entre Zamorano y Parra, pero el balcarceño definió débil por la imposibilidad de afirmarse para rematar.
Kimberley tenía la pelota, espacios en la zona media, pero Murno no tenía opción de pase. Lo que generó que los laterales se sumaran al ataque, cuestión que lo expuso demasiado al contraataque rival, sobre todo porque Talleres puso tres delanteros. Y ellos, más Pringles, lograron romper el cero. El volante central recuperó en la línea media y tocó a la izquierda para De Hoyos, quien encaró en diagonal al medio y cedió nuevamente para Pringles, que estiró a la derecha para Burattini. El ex Peñarol remató cruzado, Morata despejó hacia su derecha sin contar con la aparición de Agüero, que no perdonó.
La postura y las acciones continuaron como en el principio hasta el final de la primera etapa. Y no se modificó en el complemento. La iniciativa y la posesión fuero de Kimberley, pero a los 3 minutos Agüero le ganó en la carrera a su marcador y cruzó el disparo que exigió a Morata.
Más tarde, lo tuvo Giuntini, pero despejó Gatti. La respuesta de Talleres no tardó en llegar y tras un dubitativo rechazo de Morata, Burattini remató a la carrera, fuerte, pero le cabeza de Gabutti se interpuso en el camino al gol.
A pesar de la expulsión de Alvarez, tras los 20 minutos iniciales, el ingreso de Cardelino otorgó mayor movilidad en los metros finales y Kimberley se erigió como dominador. Pero Giuntini desapareció debido a la buena labor defensiva de Talleres y así Zamorano quedó muy solo en la creación. Si bien Otemuro dio una mano, el fondo del “Dragón” trató de no desprotegerse demasiado, y los ataques dependían demasiado de lo que pudiera hacer Zamorano.
El ingresado Cardelino, a los 23´ tiró un centro muy bueno y Baamonde en su afán por despejar, cabeceó contra su valla, pero el palo evitó la caída del arco defendido por Gatti.
Talleres dejó a avanzar a Kimberley, para que se desprotegiera y contó con dos buenas chances que finalizaron en las manos de Morata tras sendos cabezazos de De Hoyos y Baamonde.
El tramo final mostró a un Talleres prolijo, defendiéndose de manera notable frente a un rival impotente, por momentos impreciso y que no pudo hacer más que chocar con la defensa contraria.
El equipo del Puerto, tras una difícil semana, dio un primer paso importante. No sólo por el triunfo, sino también por cómo lo logró.

Por Germán Ronchi

gronchi@diarioelatlantico.com