martes, 27 de octubre de 2009

Entrevista en Diario "LaCapital." al Sr. Damián Garcia

Tras los pasos de Merengue

Damián García también hizo historia en Kimberley. Padre campeón, en el año de su llegada al club, en 1983. Hijo campeón, en la primera temporada en la institución "verdiblanca", en 2009. En los dos casos, promoviendo muchos chicos.

por Sebastián Arana
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arana@lacapitalmdq.com.ar

Tras un ciclo muy exitoso en San José, en el que con mucho esfuerzo y trabajo puso a ese club por varios años en los primeros planos del fútbol marplatense, Damián García decidió emigrar a Kimberley. Muchos se preguntaron cómo le iba a ir en un ámbito totalmente nuevo para él. Y le fue exactamente igual que a su padre veintiséis años antes. En 1983 Luis "Merengue" García fue campeón en su primer año en Kimberley. Con algunos grandes, pero con varios jóvenes que luego jugaron muchos años en primera, como Alejandro Gonzalbe, Marcelo Zwicker, Juan Carlos Surace, Esteban Solaberrieta y Arturo Jacquet, entre otros. Damián le sigue los pasos: el último sábado se coronó campeón de uno de los dos torneos anuales con Kimberley, también con muchos chicos en la cancha. "Entonces mi viejo tenía 35 años, los mismos que hoy tengo yo. Pero no creo en las casualidades. A veces pienso que uno está predestinado para algunas cosas", le aseguró a LA CAPITAL en este diálogo:
- ¿Qué cosas te cambiaron en este paso de San José a Kimberley?
- San José es un club de barrio, el desafío de todos los días. La utopía. Algo que se construyó desde la humildad, con carencias, pero también con mucho corazón, con mucho sentimiento. Todos los días había que resolver inconvenientes. Pero los dirigentes siempre nos ayudaron mucho y se consiguieron muchas cosas. No sólo resultados. Las condiciones de trabajo hoy son mucho más ordenadas que cuando comenzamos. Hoy hay una utilería, se alquila una cancha para jugar amistosos...Kimberley tiene otra infraestructura, elementos para entrenar, un gran predio, buenas divisiones inferiores, es una de las instituciones más importantes de Mar del Plata. Y yo siempre tuve grandes deseos de dirigir chicos jóvenes, formarlos desde el vamos. Al jugador más grande cuesta más convencerlo de algunas cosas.
- En San José la pelea era todos los días, ¿imagino bien si digo que también había algo por lo que pelear en Kimberley?
- Sí, claro. Siempre hay que pelear por algo. Es necesario un poco de hambre para conseguir cosas. En Kimberley la pelea era conseguir cosas cuando pocos nos tenían en cuenta. Superar a aquellos equipos que, por ahí, le podían dar un "mango" a algunos jugadores. Competir de igual a igual con chicos muy jóvenes a equipos que tienen jugadores muy experimentados. Nosotros sumamos sólo dos refuerzos: "Pipa" Seres y Murno, al que me recomendaron Javier Luque e Insaurralde porque él es de Rauch y ellos lo conocían de cuando fueron a jugar a Ayacucho el Torneo Argentino C. Y el otro jugador que anda cerca de los treinta es Gabutti. Después son todos chicos muy jóvenes, algunos de ellos con tres o cuatro años de experiencia en primera. Y debutantes absolutos como Damián Zamorano o Julian Servera.
- ¿No hubo exigencias cuando comenzaste?
- Jamás nos pidieron un título, por el contrario. Nos dijeron que trabajáramos tranquilos, sin presiones, que de acuerdo a cómo nos fuera este año se iba a analizar si era necesario traer tres o cuatro jugadores. Ahora queremos más, pero ya cumplimos ampliamente nuestras expectativas.
- Uno viendo jugar a Zamorano sospecha que siempre se puede meter mano en la cantera de Kimberley. ¿Las inferiores son lo que eran antes?
- Yo creo que hay muy buen material. No te olvidés que aquellos jugadores de los que se acuerdan todos también fueron chicos. Merengue (NdR: Luis García, su padre) dirigió una camada muy buena cuando estuvo por primera vez en el club en 1983, allí estaban también cuando volvió en 1985 y cuando regresó para dirigir el Regional en 1992. Ese grupo de jugadores estuvo diez años en el primer nivel y peleó varios torneos. Tampoco hay que olvidar que muchos pibes se fueron directamente a clubes de AFA y acá nos los vemos. Y que los chicos que no terminan de acomodarse aquí se van a otros clubes. En San José yo tuve varios: Di Meglio, Insaurralde, Giordano...En el club se produjo un poco un vacío en algunas edades. De chicos de veinte años pasamos a los jugadores de dieciseis. Pero, en general, Kimberley sigue teniendo una buena cantera.
- ¿Te pusiste a pensar en la coincidencia de que tu viejo fue campeón justamente en 1983, en su primer año en Kimberley, también con jugadores muy jóvenes?
- Sí, muchas veces. Y, además, entonces mi viejo tenía 35 años, los mismos que hoy tengo yo. Yo iba a verlo cuando tenía nueve o diez años. Pero no creo en las casualidades. A veces pienso que uno está predestinado para algunas cosas. A Merengue lo llevó a Kimberley el "Gato" Mignini, a mí también. Siempre lo quisieron mucho en este club.
- ¿Qué otras cosas tenés de tu viejo?
- Uno cuando es un pibe se piensa que el papá es Superman. Después, con los años, suele caer en la cuenta que es un ser humano como cualquiera. Sin embargo, yo pienso todavía que mi viejo es Superman. Más allá del deporte, él nos transmitió una forma de ser, de caminar por la vida, los mismos valores, el respeto por la amistad, eso de formar buenos grupos humanos, de buscar y generar compromisos con el futbolista. Los jugadores se mataban en la cancha por Merengue.
- ¿Y cómo entrenador qué cosas tenés de tu viejo? ¿Eso de poner toda la atención en el cuidado de lo humano? ¿Lo de armar los equipos de atrás para adelante?
- Lo del cuidado de lo humano, sí, totalmente. El futbolista es lo más noble que tiene el fútbol. Uno tiene que crear un ámbito dónde se sienta cómodo, tiene que comprometerse con él para generar también un compromiso. Hacia el técnico y hacia el compañero. Es algo que compartimos con Angel Fulco (su antiguo ayudante de campo, hoy entrenador de San José), ahora con Javier Darchivio, con Martín Diano. Pero al jugador no hay que imponerle cosas. El entrenador no está para dar órdenes, está para convencer. Al jugador hay que convencerlo de lo que tiene que ejecutar después. Y procurar que esté bien de la cabeza, fuerte, para resolver distintas situaciones. Yo creo mucho en lo mental. Si la cabeza no estuviera de por medio, siempre sería campeón el que está mejor física o técnicamente. Y no es así. Después, en fútbol todo es relativo. Se gana con línea de tres, con línea de cuatro, con dos "5", con uno, con enganche, sin enganche. Pensando más en el arco de enfrente, cuidando más el propio. Pero siempre el jugador tiene que estar bien de la cabeza. Por lo demás, yo siempre fui de pensar más de adelante hacia atrás que al revés. Pero algunas cosas que nos pasaron este año, me hicieron cambiar un poco. La derrota con Racing en el Clausura me hizo replantear algunas cosas y, por ejemplo, el equipo pasó a defender con línea de cuatro en lugar de con línea de tres...
- Pensé que fue un cambio que surgió de la necesidad en el partido con Deportivo Norte...
- No, fue como perdimos con Racing lo que me hizo cambiar. Ganábamos 2 a 0 y seguíamos buscando más. Y nos dieron vuelta el partido de contraataque porque arriesgamos más de la cuenta. Entonces pensé que no podía arrastrar a todo el equipo por mi irresponsabilidad. Probé al partido siguiente, ante Independiente, con línea de cuatro y los chicos se sintieron más cómodos, más seguros. A partir de los play-offs puede ser que hayamos buscado armarnos bien de atrás para adelante. Con Deportivo Norte tuvimos suerte de terminar cero a cero el primer tiempo, después nos pudimos acomodar mejor y llegamos a los penales. Con Unión fue muy parejo, ellos se cerraron bien, nosotros también, hicimos un planteo inteligente. Creo que lo ganamos bien. Con Peñarol salió cerrado el primer tiempo y más abierto el segundo, tuvimos veinticinco minutos muy buenos en el arranque del segundo tiempo y después lo ganamos sobre el final con justicia. Y el otro día con Chapa aprovechamos ese gol tempranero y creo que el segundo definió todo. En el fútbol la relación de tiempo y espacio es fundamental. Con espacios, todo luce más. Y nosotros los tuvimos.
- Estás en un momento personal muy especial. Hace pocos días nació Benjamín, tu segundo hijo, el primer varón. Tu papá fue entrenador, vos sos entrenador, ¿pensás que te puede seguir los pasos?
- Sería lindo...Pero que sea lo que él quiera. No lo pienso presionar. ¿Sabés las cosas que veo dirigiendo la quinta? Los padres se vuelven locos viendo jugar a sus hijos, los llenan de presión. Cuando yo jugaba, mi viejo no me fue a ver nunca...Tampoco se perdió nada, ja, ja...A los chicos hay que disfrutarlos, porque son lo más lindo del mundo. Pero hay que dejarlos elegir. A mí me encantaría que juegue a la pelota, pero después que sea lo que él quiera.